Las universidad todavía inspira
La
autorrealización profesional aún figura como el primer motivo de titularse
Pese a la crisis económica,
la falta de oportunidades laborales y los grandes ingresos que alguien podría
obtener en el mercado informal, el estudiante sigue con la meta clara de
convertirse en un profesional de la República.
Se solicita Licenciado en
Contaduría o Administración, con experiencia mínima de tres años, con automóvil
propio, disponibilidad inmediata; ofrecemos: sueldo mínimo y beneficios de la
ley. Buscamos taxistas, ganancia promedio 15.000 bolívares semanales, único
requisito: poseer documentación en regla del vehículo. Cotidianamente, esta
realidad prueba a los universitarios y su perseverancia para proseguir y
culminar una carrera. Para enfrentarla, tan solo cuentan con un recurso
académico: la convicción de querer profesionalizarse.
Adicionalmente, los
estudiantes sobrellevan la intermitencia de actividades académicas, en el caso
de las universidades autónomas, la delincuencia en los campus universitarios,
el aumento de la tarifa de transporte público, incluso de las fotocopias.

Menciona que lo único capaz
de desmotivarlo un poco fueron los paros que le hicieron perder bastante tiempo
y por esa razón consideró comenzar en otra universidad, pero nunca dejar de estudiar.
En él se refleja el tesón de
muchos estudiantes de seguir un sueño. Gómez defiende la profesionalización al
referir que no es lo mismo aprender con “marañitas”, trabajos informales, que
en una universidad. Asevera que, a pesar de todos los inconvenientes por lo que
pasó y el panorama actual del país, aún vale la pena estudiar.
El mismo ímpetu se ve
reflejado en Diana Pírela de 18 años y quien estudia en la Universidad Rafael
Belloso Chacín (URBE) el cuarto trimestre de Contaduría. A su parecer, el país
necesita un cambio que solo producirán los jóvenes que se dediquen a estudiar.
Por su parte, Lenin Parra, de
19 años y estudiante de Educación mención Deportes, argumenta que su principal
motivación para graduarse está en entregarle un título a su madre; además,
revela su secreto para mantenerse concentrado en esa meta: “ahora que la gente quiere
emigrar, me mentalizo en esos puestos vacantes que quedan y que nosotros
podremos ocupar si permanecemos en el país”.
Superarse
El psicólogo estadounidense Abraham Maslow, en su conocida pirámide de
motivaciones, ubicaba la autorrealización en el nivel más alto, por encima de
las necesidades fisiológicas, de seguridad y sociales. La describía como una búsqueda
personal de
desarrollar el propio potencial, de hacer aquello para lo cual se tiene mejores
aptitudes.
A juicio de la exdirectora
de Centro de Orientación de la Facultad de Humanidades de LUZ, María Dolores
Delgado, los jóvenes siguen viendo en la profesionalización una vía para el
bienestar. “En la universidad uno nota que todavía prevalece la necesidad de
autorrealización, de sentirse profesional en el área que le gusta, más allá del
dinero. Todavía
ser profesional es inspirador para el estudiante”, subraya.
Sin embargo, también comenta
que nos encontramos frente a una sociedad en la que implícitamente se le dice
al joven que tiene mayores oportunidades de ganar dinero sin titularse en una
casa de estudio.
Al respecto, la socióloga y profesora de Psicología Social en LUZ, Ninoska
Espinoza, sostiene que esa situación promueve el desinterés estudiantil. “Muchas
veces el estudiante piensa: ‘para qué voy a tener un título o para qué voy a la
universidad si cuando egrese no voy a tener dónde ejercer o sino me van a pagar
muy mal’”.
Explica que el factor económico ha invadido todas las áreas de los
venezolanos y esto lleva a los jóvenes a sustituir los estudios por el trabajo.
Lo más afectados por este fenómeno están en los estratos medios y bajos de la
sociedad. “Nosotros teníamos mucha plantilla de estudiantes que pertenecían a
la clase baja pero que se han desplazado hacía el llamado ‘bachaqueo’ (contrabando de extracción) o
hacía la economía informal”, destaca.

Así mismo, al evaluar este panorama, Belén Salas, estudiante de 21 años
de Comunicación Social en LUZ, decidió abandonar los estudios; sin embargo, los
retomó recientemente debido a la motivación que le produjo el triunfo de la oposición
en las parlamentarias.
Sobra
motivación, falta compromiso
Según Delgado, también
profesora de Orientación en LUZ, el sector universitario atraviesa más por una
falta de compromiso estudiantil que por una apatía al estudio. “Te puede decir
que en mi experiencia de 16 años dando clases, veo que existe menos compromiso
del estudiante con su carrera, no tienen la misma motivación e interés de
entregar los trabajos con la misma mística de antes”.
Considera que en estos
momentos convergen una serie de factores que por separado siempre han influido
en la desmotivación estudiantil, tales como la crisis económica, problemas
personales, disconformidad con la carrera asignada; pero que no han configurado
una apatía generalizada hacía el estudio.
Eso se pudo evidenciar en
las entrevistas obtenidas con universitarios, en las cuales se observó que
existe la motivación a la autorrealización profesional pero también un
sentimiento de que los estudios van perdiendo importancia; como si estuvieran
en una dicotomía entre valorar la carrera universitaria y preocuparse si esta
será recompensada en un futuro.
La socióloga Espinoza
explica que esta falta de claridad se debe en parte a que la familia tampoco la
tiene. “La crisis económica ha trastocado a cada uno de los miembros del núcleo
familiar y ha afectado ese rol que cumple de orientar a los hijos”, expone un
tanto preocupada.
Incentivar
antes de lamentar
La visión de los
especialistas y los estudiantes difieren en cuanto a la existencia de estímulos
para estudiar en el país. Para algunos, en los últimos años han aumentado el
número de becas y programas de educación universitaria y otros afirman que
desconocen o no ven esa clase de beneficios.
“La situación del país debe
estabilizarse para que se aprecien las oportunidades estudiantiles con las que
se cuentan y para que estas fluyan de mejor manera y lleguen a más personas”, opina
Delgado.
Mientras eso ocurre, parece
fundamental que exista una acción conjunta del Gobierno y las universidades
para atender la situación económica de los estudiantes de manera que se evite
una futura apatía generalizada y por consiguiente, deserción estudiantil. “El Informe
sobre la educación superior en América Latina y el Caribe 2000-2005”, de la
UNESCO, advertía que las condiciones socioeconómicas del individuo y del grupo
familiar figuran como la principal causa de deserción universitaria.
Además, la familia debe
asumir con responsabilidad la función de apoyar en los estudios y convencer de
su importancia a los hijos.
Un escenario de
desmotivación estudiantil repercutiría negativamente en la sociedad venezolana
pues disminuiría el aporte intelectual de los jóvenes y fomentaría el mercado
informal, sin mencionar el daño al aparato productivo debido a la baja
preparación académica de los futuros empleados.
No es casual que las
universidades, a pesar de la coyuntura económica y política actual, sigan
albergando esperanzas: ellas son el único sitio donde los estudiantes pueden
ver más allá de sus fronteras y darse cuenta de que la sociedad se transforma
desde lo interno, con profesionales capaces de levantar un país.
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